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LA VANGUARDIA
TODOS ESTÁN BIEN     Calificación:   ★ (Sobre Cuatro)

Papá piernas largas


Cartel Promocional de TODOS ESTAN BIEN

Es sin duda una temeridad, por no decir un suicidio artístico, viajar del planeta Ealing a la galaxia Tornatore, pasando además por la constelación Mary Poppins. Ese es el itinerario que ha dibujado Kirk Jones en los tres largometrajes hasta la fecha. Empezó con buen pie, evocando la clásica comedia inglesa de los Mackendrick, Cornelius y compañía en la tierna y mordaz Despertando a Ned. Dirigió años después La niñera mágica, vehículo para una Emma Thompson disfrazada de bruja, y ahora cambia de nuevo de tercio brindándonos Todos están bien, que es el remake de Están todos bien, drama sentimental de Giuseppe Tornatore.

De Niro, provisto de sus habituales tics pero con un toque de genuina emotividad, toma el relevo del memorable Mastroianni. Es un viudo reciente que invita a sus cuatro hijos a una comida en su casa que prepara con sumo mimo. Pero como sea que, con excusas más bien peregrinas, ninguno acude a la cita, decide ir a visitarlos por sorpresa allí donde viven (Nueva York, Chicago, Las Vegas…: todo un Papá Piernas Largas).

Encontrará a un hijo y a las dos hijas, pero ni rastro del tercero, cuya suerte nosotros sí vamos descubriendo. Y encontrará, sobre todo, hostilidad, mentiras, todo lo que puedan imaginarse para desmentir el título de la obra. Mantecosa, casi siempre de un sentimentalismo forzado y propenso a la lágrima fácil y con tendencia al subrayado, Todos están bien habla de los sabores agridulces de la vida, de las pérdidas, las distancias, las frustraciones, los sueños rotos, el choque generacional… No es un filme particularmente ofensivo, pero la canción nos la sabemos de memoria. El de Tornatore, irregular pero superior a este, proponía un pertinente comentario sobre la Italia de entonces que aquí no se ha traducido a la América de Obama.





NÚMERO 9     Calificación:   ★★ (Sobre Cuatro)

Apocalipsis ahora


Cartel Promocional de NUMERO 9

El cine apocalíptico o postapocalíptico hoy saca pecho como nunca. Pocas semanas después de 2012, y con The road a la vuelta de la esquina, he aquí Número 9 descorchando el año nuevo con una ducha de desencanto torrencial. La película tiene su origen en el cortometraje de animación homónimo (9 es su título original, curiosa coincidencia con el Nine de Rob Marshall, de próximo estreno) que Shane Acker realizó cuatro años atrás. Tuvo una nominación al Oscar y media docena de entusiastas (entre ellos los directores Tim Burton y Timur Bekmambetov) decidieron apadrinar esta extended version.

El panorama que pinta Número 9 es francamente desolador: un planeta en ruinas, sombrío y aterrador, donde una guerra indecible (máquinas letales como las anunciadas en la serie Terminator) ha erradicado la humanidad. En esa geografía de inmensa soledad, un reducido grupo de muñecos (de trapo, con cremalleras en su tórax y ojos muy despiertos que asemejan objetivos de una cámara: un diseño que evoca a Jan Svankmajer), creados por un científico que murió al alumbrar al número 9 de la serie (Burton debió caer rendido ahí, recordando al Vincent Price de Eduardo Manostijeras), intenta sobrevivir enfrentándose, primero, a una felina bestia de metal y, después, a una gigantesca arma bélica.

Pese a que sus 79 minutos de duración son muy razonables, no es menos razonable pensar que a Número 9 su formato corto le sentaba mejor: al guión le falta chispa, hay poca tela que cortar en esta historia. Pero su formulación visual es deslumbrante, próxima (los cielos rojizos, la oscuridad, las máquinas destructoras, la atmósfera tenebrosa) a La guerra de los mundos de Steven Spielberg; una belleza y una poesía, digámoslo así, nihilistas, desasosegantes. Una voz en off pone, al final, una nota esperanzadora, pero todo cuanto precede es de un pesimismo extremo. Y hablando de voces, imposible silenciar el espléndido coro de actores que prestan las suyas a los personajes: Elijah Wood, Christopher Plummer, Jennifer Connelly, Martin Landau, Crispin Glover...





EL MEJOR     Calificación:   ★★★ (Sobre Cuatro)

El dolor de la ausencia


Cartel Promocional de EL MEJOR

Una directora novel y un protagonista masculino como Pierce Brosnan (galán otoñal, antiguo careto de James Bond), asimismo coproductor de un temible melodrama sobre la pérdida del hijo amado... Hay películas que parecen tenerlo todo en contra, empezando por su título redundante, y por ello aún provocan mayor impacto si transmiten una imprevista hondura emocional. Ocurre con El mejor, acogida calurosamente en el último Festival de Sundance, gran plataforma del denominado cine indie. Un certamen muy adecuado para una debutante como Shana Feste, quien reconoce sentirse fascinada por el dolor y los dramas familiares desde que descubrió Gente corriente, debut en la dirección de Robert Redford.

Un matrimonio sin aparentes problemas verá desmoronarse su plácido universo cuando el hijo mayor fallece en accidente, tras haber pasado una primera noche con la chica de la que estuvo enamorado desde niño. La ausencia del hijo se torna presencia, cada vez más lacerante para esta pareja que hasta entonces parecía modélica, situación que se acentúa cuando aparece alguien muy ligado a sus recuerdos.

Cuentan que Susan Sarandon (cada vez más parecida a Bette Davis: podrán corroborarlo cuando llegue The Lovely Bones, de Peter Jackson) se negó al principio a trabajar en El mejor para no repetirse en el papel de madre desolada. El guión y la perseverancia de Brosnan la convencieron. Hasta el punto de que en el filme también aparece Miles Robbins, el segundo hijo que tuvo - excusen el apunte rosáceo-con Tim Robbins, su pareja hasta hace pocos días. Contra cualquier pronóstico, Brosnan está aquí a la altura de tan experimentada partenaire, estableciéndose un gran duelo actoral entre ambos. Es otro de los atractivos de este melodrama familiar que esquiva trampas sentimentales. También cabe prestar atención a Mulligan, joven actriz británica a quien pronto veremos en Una educación, de la danesa Lone Scherfig, y que coincidirá de nuevo con Sarandon en la segunda entrega de Wall Street.





LOS FANTASMAS DE MIS EX NOVIAS     Calificación:  

Un imbécil muy imbécil


Cartel Promocional de LOS FANTASMAS DE MI EX NOVIAS

Si bien su tan breve como chispeante papel en Tropic thunder puede poner en cuarentena el aserto, un cinéfilo sensato podría afirmar que cualquier comedia con Matthew McConaughey dentro es susceptible de ser arrojada al contenedor. Los fantasmas de mis ex novias, una boba transposición del dickensiano Cuento de Navidad al marco de un soltero empedernido y fornicador, no merece otro destino. La estupidez suprema de este arquetipo es un insulto a la especie humana, sean los castigados ojos que lo vean femeninos o masculinos. Que, finalmente, el imbécil mujeriego sea domado por la chica que desde la infancia estuvo presente en su vida (la pobre Jennifer Garner de Alias no parece llamada a una carrera cinematográfica digna de su fulgor televisivo) es otro topicazo que nos entierra en la miseria ¡Dios, qué manera de comenzar el 2010!





SOLOMON KANE     Calificación:   ★★★ (Sobre Cuatro)

La caída del caballo


Cartel Promocional de SOLOMON KANE

Es bien conocida la historia, verídica o no, de la caída del caballo de Pablo de Tarso, aquel azote de cristianos que vio la luz cuando cayó de su montura. Salomon Kane, el personaje creado por el norteamericano Robert E. Howard, también sufre una transformación radical. Pero, a diferencia de Pablo, que dejará la espada, los instrumentos de Salomon Kane para combatir el mal, su antiguo señor, seguirán siendo la violencia y la muerte. Esa es su condena, y su grandeza. Héroe puritano del siglo XVI, protagonista de las publicaciones pulp de los años 20 en EE. UU., Kane fue creado por el retorcido Howard, el atormentado Howard (se disparó un tiro a los 30 años), creador él solito de todo un género, el de espada y brujería y, por supuesto, creador de un personaje fundamental de este género como es Conan, el Bárbaro. Con tales credenciales, Kane no se iba a quedar en la mera recreación de la protoleyenda cristiana, no. Howard la lleva hasta sus extremos: es un personaje desmesurado, contradictorio, espectacular, perseguido por el diablo...

¿Cómo no había llegado al cine todavía? Esa es la caída del caballo que debe haber tenido el británico Michael J. Bassett al afrontar la dirección de este filme sobre el sombrío personaje de Howard. Un personaje que, en su puesta en escena, recuerda mucho a aquel Van Helsing (Hugh Jackman) de infausto recuerdo. Pero que James Purefoy defiende con mayor convicción. Aventuras de espada y brujería en un mundo poblado de fantasmas, de espíritus, del mal (excelentes efectos especiales)... Este Solomon Kane es un personaje épico que Bassett retrata a la manera clásica, mirando los cuadros de Caravaggio y los pintores holandeses. Claros y oscuros para el nacimiento de un héroe cinematográfico con muchas posibilidades.





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