¿Cómo se hizo Oppenheimer de Christopher Nolan?

Escrita y dirigida por CHRISTOPHER NOLAN, OPPENHEIMER es un épico thriller rodado en IMAX® que transporta a los espectadores a la trepidante paradoja de un enigmático hombre que deberá arriesgarse a destruir el mundo para salvarlo.

LOS PERSONAJES

El guion de OPPENHEIMER de Christopher Nolan exigía un extenso reparto para interpretar a docenas de personajes que representaban a algunos de los personajes más influyentes del siglo XX. Nolan no quería usar personajes amalgamados solo por simplificar las cosas; sentía que no estaba bien atribuir ideas o innovaciones tan significativas y claves de una figura de renombre a otra. Y como sus personajes estarían entrando y saliendo de la historia en escenas de ritmo rápido y, en ocasiones, en jugosos cameos, quería asegurarse de que destacasen de manera distintiva para el público y permanecieran vívidos en sus mentes. «Cillian Murphy interpretando a Oppenheimer era la pieza central de la película», dice Nolan. «Pero sabía que Cillian iba a necesitar un reparto extraordinario para arroparlo, grandes actores que pudieran desafiarlo y motivarlo. En una película con tantas caras distintas, cada personaje tenía que diferenciarse claramente del resto y resultar creíble. Por ello, la envergadura del grupo que el director de casting JOHN PAPSIDERA logró juntar es uno de los grandes atractivos de la película. Es enormemente importante que los espectadores sean capaces de seguir quién hace qué y quién es importante por una u otra causa. Estos actores llegaban todos los días al set con un conocimiento muy específico y sin fisuras del papel de su personaje en la situación, cuál fue su contribución al Proyecto Manhattan, qué aportaron a una reunión, un experimento o un argumento concreto en determinado día. En consecuencia, todos los días estaba en el set rodeado de actores que sabían más que yo sobre lo que estaba pasando, desde su punto de vista, y eso es lo que buscas precisamente como director».

J. Robert Oppenheimer – Cillian Murphy

Para interpretar al padre de la bomba atómica, Christopher Nolan eligió a un actor que ha aparecido en cinco de sus películas (la trilogía de El caballero oscuro, Origen y Dunkerque), aunque, hasta ahora, nunca como protagonista: Cillian Murphy, la estrella irlandesa de cine, televisión y teatro cuya filmografía incluye 28 días después, Un lugar tranquilo 2 y la producción británica televisiva de éxito mundial Peaky Blinders. «He tenido la enorme suerte de trabajar con muchos actores de gran talento desde el comienzo de sus carreras, y Cillian es uno de ellos»; asegura Nolan. «La primera vez que trabajé con él era bastante novato, pero estaba claro que contaba con un talento extraordinario. Además, conectamos personal, profesional y creativamente. Por eso, siempre estoy buscando el modo de colaborar con Cillian. Fue maravilloso poder coger el teléfono y decirle: “Llegó el momento, esta es la película en la que tú vas a ser el protagonista; te ofrezco un personaje que va a exigirte emplear cada aspecto de tu talento y a ponerte a prueba de un modo que nunca habías conocido”. Y se mostró totalmente dispuesto. Fue realmente un sueño hecho realidad para los dos».

Para Murphy, esa llamada de Nolan fue inolvidable. «Hace 20 años que conozco a Chris, pero, incluso ya entonces, era fan, porque había visto Memento e Insomnio», nos cuenta Murphy, cuyo primer encuentro con Nolan fue cuando se presentó al casting para el papel de Bruce Wayne en Batman Begins, papel que finalmente acabó consiguiendo Christian Bale. «Conocer a Chris para esa película fue un momento épico para mí. ¡Y, dicho sea de paso, siempre me pareció una idea absurda que yo interpretase a Batman! Pero ese encuentro al final fructificó en el papel del Espantapájaros y en una extraordinaria experiencia de trabajo. Desde entonces, lo he tenido claro: si Christopher Nolan te pide que hagas algo, independientemente de la envergadura del papel, lo haces. No esperaba para nada que me llamara para interpretar a Oppenheimer. Pero lo hizo. Cuando colgué el teléfono, me quedé sentado, totalmente impactado. Me sentí muy afortunado. Y nos pusimos manos a la obra».

Lo atractivo y el reto de interpretar a Oppenheimer, en opinión de Murphy, era hacer justicia a la inmensa inteligencia y los conflictos morales del físico. «Siempre andábamos buscando la complejidad de Oppenheimer, porque no era un tipo simple», asegura Murphy. «Ninguna de las personas que se retratan en la película lo es. Tener esa gran inteligencia puede ser una carga; la gente así opera en un plano completamente diferente al del resto de meros mortales como nosotros, y eso conlleva sus propias complicaciones y desafíos en su vida personal y moral. Eso fue uno de los retos más difíciles: trazar el viaje moral de Oppenheimer a través de esta historia, porque se mueve por terreno cenagoso a lo largo de gran parte de ella, en términos de lo que le puede plantear moralmente su trabajo en el Proyecto Manhattan y luego, años más tarde, su posición respecto a la política nuclear después de la Segunda Guerra Mundial, y cómo ir cambiando de postura y evolucionando le hace entrar en conflicto con otra gente».

Para prepararse para el papel, Murphy leyó Prometeo americano y varios libros más, además de contemplar horas de vídeos de Oppenheimer dando charlas y entrevistas. Trabajó con Nolan y la diseñadora de vestuario Ellen Mirojnick para perfeccionar el look característico de Oppenheimer: su intensa mirada, su postura, su pipa, su sombrero… «No he querido hacer un retrato de Robert Oppenheimer», dice Murphy. «Es un Oppenheimer destilado del Oppenheimer que vemos en el material histórico y el Oppenheimer que conocí en el guion de Chris. Fue un largo proceso hasta alcanzar una síntesis de representación e interpretación».

Murphy consultó al renombrado físico KIP THORNE para conocer un poco mejor la profesión, así como los conceptos de fisión. Eso sí, no quiso forzarse a entender totalmente la sesuda ciencia y filosofía que asimilaba el propio Oppenheimer con tanta facilidad. «La mayoría de las personas no pueden pensar ni piensan en la existencia humana, la estructura del mundo y nuestro lugar en el universo del modo en que lo hacía Oppenheimer, a través de la lente de la mecánica cuántica, con sus complejidades y su aprecio por las paradojas», explica Murphy. «Por eso, hubiera sido absurdo por mi parte pasarme seis meses intentando entenderlo todo. Basta con intentar entender vagamente los conceptos para luego profundizar en ello y extraer la humanidad, que es lo que de verdad importa para nuestra película. Es una historia inmensa, temáticamente, pero contada de un modo muy humano. No es una lección de historia, no es didáctica ni prescriptiva; no le dice a la gente: “Esto es lo que debes saber de este tema”. Pero está bastante claro que la gente puede trazar paralelismos y reflexionar sobre lo que está ocurriendo en el mundo actualmente de forma alarmante. Las películas que estimulan el pensamiento y te obligan a ejercitarte son una parte importante del paisaje cinematográfico, y creo que Chris siempre hace justo eso de una manera interesante y provocativa».

Kitty Oppenheimer – Emily Blunt

Katherine Oppenheimer (Puening de soltera), o Kitty, interpretada por Emily Blunt, era bióloga, botánica y se había casado tres veces antes de conocer a Oppenheimer en una fiesta al aire libre en San Francisco. Se casaron y tuvieron dos hijos, Peter y Toni. Durante los años de Los Álamos, Kitty tuvo que lidiar con su insatisfacción con la maternidad, la soledad y la adicción.

Blunt se sintió intrigada por el rechazo que Kitty mostraba por las convenciones y expectativas sociales. «Kitty es un personaje que no habla por hablar. Cuando lo hace, es para decir algo importante», dice Blunt. «Es complicada, volátil y cautivadora, todo a la vez. Lo que más me atraía de ella es la idea de una mujer que se negaba a conformarse con la clase de ideal femenino de la época, esa obligación de casarse, tener hijos y apoyar a tu marido, como si ese fuera el único trabajo posible y todo lo que se te permite. Ansiaba rebelarse contra el sistema con esa mentalidad tan moderna. ¡Solo hay que ver que Oppenheimer es su cuarto marido y tiene 29 años cuando lo conoce! En mi opinión, Kitty querría disfrutar de la vida a su propio ritmo. Pero sí que creo que encontró en Robert Oppenheimer alguien de su nivel intelectual. Existía respeto genuino en esa relación. Ella era toda una confidente para él y en todo lo referente a tomar grandes decisiones. Se apoyaba mucho en ella y su opinión era de vital importancia para él. Ella también era científica, y es un excelente ejemplo de una mujer de su tiempo con un cerebro privilegiado que estaba desperdiciada frente a la tabla de planchar, y que sufrió por ello. Pero, ante todo, creía en Robert, lo adoraba, lo apoyaba y era su mayor ídolo».

Aunque Blunt se enfrascó en Prometeo americano para conocer y comprender a Kitty, dice que el guion de Christopher Nolan y su estilo dirigiendo fue cuanto necesitó para dar con su personaje. «Chris escribió un personaje extraordinario al que poder interpretar», dice Blunt. «Kitty saltaba de las páginas del guion, había algo monumental en ella como persona. Chris te da mucha libertad, como director, para explorar las vulnerabilidades de un personaje. Si percibes en alguien algún tipo de inestabilidad emocional, o si es una persona muy agresiva o dura, yo siempre ando buscando lo que hay por debajo de eso, de dónde sale y cuántas cosas puedes interpretar en ese momento para que la clave no sea la ira. Se trata de interpretar su lado dolido, la humillación, la visibilidad. Todo eso era lo que yo tenía que descubrir, y tuvimos libertad creativa para explorarlo».

Blunt dice que fue muy fácil sentir química con Cillian Murphy, porque ambos actores habían trabajado juntos no hace tanto en Un lugar tranquilo 2, en la que sus personajes desarrollaban un vínculo muy cercano y luchaban contra otro tipo de demonios. «Era mi segunda película con Cillian y, como ya habíamos trabajado juntos, fue muy fácil estar juntos y confiar el uno en el otro», dice Blunt. «No nos costó nada dar el salto a interpretar una pareja casada tan interconectada y con almas tan gemelas. Acompañar a alguien así en las escenas, sin ningún tipo de ego ni expectativas, que solo quiere crear algo bueno y verídico contigo, fue una experiencia increíble».

Leslie Groves – Matt Damon

Motivado, ferviente cumplidor del deber y de trato no muy agradable, Leslie Groves, Jr. fue un distinguido y leal oficial del Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos que acababa de supervisar la construcción del Pentágono cuando le pusieron al frente del Proyecto Manhattan. A pesar de las diferencias con Oppenheimer en cuanto a política y temperamento, el conservador y pragmático Groves se sintió inmediatamente cautivado por el genio y la visión de Oppenheimer y lo reclutó, haciendo oídos sordos a las dudas de muchos, para que fuera su compañero en la misión. Groves hizo contribuciones significativas al trabajo de crear de bomba atómica, y una de las más importantes fue su fe en las promesas de Oppenheimer entre las dudas por la afinidad de este con ideas comunistas.

Para interpretar al general de la brigada, los cineastas reclutaron a Matt Damon, que ese mismo año había añadido a su deslumbrante currículum de actuaciones nominadas al Oscar® (y que además se alzó con el Oscar® por coescribir El indomable Will Hunting) un aclamado papel en Air, que también produjo con su amigo Ben Affleck. «La relación entre Oppenheimer y Groves hará disfrutar mucho a los espectadores de la película», asegura Emma Thomas. «Como gran parte de la película es a través de la perspectiva de Oppenheimer, era imprescindible que Grove lo interpretase alguien capaz de cautivar al público, alguien que irradiara esa seguridad de estrella del cine, con cierta arrogancia, pero alguien que también inspirase una profunda confianza. Matt era el tipo perfecto para eso. Aportó muchísimo humor y calidez al papel, y la dinámica entre él y Cillian es un regalo para el espectador».

Para Damon, el atractivo de trabajar en OPPENHEIMER estaba en crear una historia de origen para el mundo que ha conocido toda su vida, formado a partir de los efectos colaterales del Proyecto Manhattan. «Soy hijo de la Guerra Fría», asegura Damon. «Crecí con las consecuencias de ese momento de la historia. Por eso, siempre lo he visto todo a través de esa lente. Me parecía muy interesante volver para tratar de comprender lo que estaba pensando esa gente y cuál era su realidad, además de las terribles decisiones que se vieron obligados a afrontar. Pero también está el factor del caos humano de la política, la ambición y la moralidad que conllevó aquella carrera. Además, me sentía muy identificado con la idea de una gente, científicos, en este caso, que simplemente querían saber si podían hacer algo que nunca antes se había conseguido. Están esa curiosidad, esa fascinación y esa ambición increíblemente humanas de llegar hasta el límite absoluto, ver lo que se puede aprender y lo que pasaría. Y luego está el idealismo o la ingenuidad de algunas de estas personas. Oppenheimer pensaba de verdad que esto iba a significar el fin de todas las guerras. Sin embargo, todos hemos estado viviendo bajo esta especie de espada de Damocles durante todas nuestras vidas y muchas más décadas y, a menudo, no lo pensamos lo suficiente. Así que, sin lugar a duda, esta es una de las historias más importantes de nuestro tiempo».

Damon dio forma al papel centrándose en las claves esenciales de la personalidad de Groves. «Groves tenía un inmenso ego y a mucha gente no le caía demasiado bien», dice Damon. «Pero a Oppenheimer sí que le gustaba; compartían un cierto entendimiento y una relación especial. Groves nunca puso en tela de juicio lo que Oppenheimer hacía ni por qué lo hacía. Groves se sentía inmensamente orgulloso de la gesta de ingeniería y de la importancia científica de sus esfuerzos. No había una gran reflexión por su parte. Era simplemente: “Dije que lo haría y lo he hecho”. Fue fascinante interpretar a alguien con esa clase de certitud y enfoque, además de a un personaje muy, muy inteligente, que se ve súbitamente rodeado de genios que operan a otro nivel, genios que tenían la misma ambición de Groves, pero que sentían un mayor conflicto con lo que hacían y qué podría salir de aquello».

Damon añade que no le costó demasiado conectar con Groves y la tensa maniobra del Proyecto Manhattan. Aunque había infinitamente más en juego al crear la primera arma nuclear, a un nivel interpersonal no se diferenciaba mucho del proceso de hacer películas. «Hay muchos paralelismos con nuestra industria», asegura Damon. «Las diferentes tensiones, la gente procedente de distintas partes del mundo que se une para un proyecto, pero que tiene planes distintos, además de diferentes expectativas, esperanzas y sueños… Todos aportamos a la causa y tratamos de hacer lo que queremos. Hay mucha fricción y tensión, al igual que fusión y fisión. Creo que eso ha hecho que el reparto se sienta más identificado con lo que nuestros personajes estaban pasando».

Lewis Strauss – Robert Downey, Jr.

Lewis Strauss fue uno de los miembros fundadores de la Comisión de la Energía Atómica en 1947 y desempeñó un papel clave configurando la política nuclear de Estados Unidos tras la guerra. Strauss conoció a Oppenheimer ese mismo año en el cargo de Strauss como fideicomisario del Instituto de Estudios Avanzados en la Universidad de Princeton. Así comenzó una tensa relación entre dos hombres tercos, enormemente ambiciosos y, a su propio modo, sinceramente patrióticos. Strauss era del sur, devotamente religioso, un graduado de secundaria que siempre se sintió profundamente inseguro de su falta de estudios universitarios, un conservador político y un anticomunista dogmático, mientras que Oppenheimer era del noreste, brillante sin esfuerzo alguno y con muchos estudios, además de ser un ardiente liberal con una visión política tendente a la izquierda.

Para interpretar a Strauss, Christopher Nolan y Emma Thomas abordaron a un actor con quien llevaban mucho tiempo queriendo trabajar, el nominado en dos ocasiones al Oscar® (por Chaplin en 1992 y Tropic Thunder, ¡una guerra muy perra! en 2009) y ya emblemático intérprete de Iron Man, Robert Downey, Jr.

La oportunidad de Oppenheimer le llegó a Downey Jr. en un momento de su vida en el que trataba de ser más selectivo tras su racha de éxitos de taquilla dando vida al principal vengador del universo cinematográfico de Marvel. «Llevo tomándomelo con calma desde un año antes de la pandemia o así, solo para reencontrarme conmigo mismo y con mi familia y otros intereses, porque anteriormente había trabajado muy seguido», dice Downey Jr., que recientemente produjo Sr., un aclamado documental sobre su difunto padre, el venerado cineasta experimental Robert Downey, Sr., y la relación entre ambos. «Pero en este caso hablamos de Christopher Nolan, haciendo algo que era importante para él. El reparto era un enorme grupo de personas con capacidad para elegir sus propios proyectos. Y, en cuanto la cosa se puso en marcha, los eventos del mundo se alinearon de un modo que convirtieron esta película en una importante metáfora que podía ser relevante a varias situaciones actuales. Total, que no tuve que pensármelo mucho».

Cuanto más investigaba Downey a Strauss y su compleja relación con Oppenheimer, más veía a Strauss como una figura complicada cuya visión del mundo tenía sus méritos, al menos en el contexto de aquel momento histórico. «Te daré un ejemplo», dice Downey Jr. «El Frente del Océano Pacífico de la Segunda Guerra Mundial fue también de vital importancia. Nuestros torpedos no explotaban a la profundidad ni la distancia adecuada de sus objetivos. Strauss sabía que la espoleta de proximidad ayudaría a la causa y, como luchó en favor de su uso con fervor y todos los medios burocráticos a su alcance, ayudó a acortar la guerra. Pero ¿alguna vez se cuenta que Lewis Strauss ayudara a acortar la guerra? No. Más adelante, cuando estaba dilucidando que los rusos tenían armas atómicas, Strauss comenzó a abogar por probar la bomba de hidrógeno, pero Oppenheimer se oponía. Strauss creía de verdad que podía salvar vidas, del mismo modo que lo hizo la espoleta de proximidad. Su proceso racional no era meramente “quiero ganar” o “quiero que pierdas”. Siempre hay algún tipo de motivación por su parte que te hace ver que puede tener razón».

En cuanto al corte de pelo que requería interpretar a Strauss, Downey Jr. no se lo pensó ni un segundo. «Lo gracioso de afeitarme la línea de nacimiento del pelo es que me recordaba a mi padre, lo que nunca es malo. Además, ver el sufrimiento de mi esposa me ayudó a ver lo que está por llegar», dice Downey Jr. «Era lo correcto para el personaje. Creo que Chris estaba un poco preocupado y se preguntaba si yo preferiría falsearlo con maquillaje. Pero, la verdad, es lo último que yo haría. Además, gracias a eso tuve que llevar gorras de béisbol un tiempecito».

Jean Tatlock – Florence Pugh

La intelectual, profundamente introvertida y sensual Jean Tatlock era todo un espíritu libre tendente a sufrir brotes de melancolía. Esta psiquiatra que estudió en Stanford mantenía un intenso aunque tortuoso romance con J. Robert Oppenheimer.

Para dar vida a Tatlock, los cineastas eligieron a Florence Pugh, cuyas interpretaciones en Viuda negra, Midsommar y Mujercitas, esta última valedora de una nominación al Oscar®, la han convertido en una de las jóvenes estrellas más rutilantes de Hollywood. Aceptó el papel por la oportunidad de trabajar con un director al que admiraba. «Es una película de Christopher Nolan, para empezar», dice Pugh. «Y, además, cuenta con uno de los protagonistas más increíbles. Cillian Murphy es un actor al que sigo desde hace tiempo y con quien tenía unas ganas locas de trabajar. Habría que estar loco para decir que no. Fue como practicar un deporte con algunos de los mejores atletas, así que realmente ha sido una de las experiencias más gratificantes que he vivido».

Pugh disfrutó encarnando una personalidad que se reveló como una fuerza de la naturaleza contra las convenciones sociales que degradaban y limitaban a las mujeres de la época. «Jean es contundente y sabe lo que quiere, y en ningún momento se le castiga por ello. Oppenheimer, desde luego, no lo hace», nos cuenta Pugh. «Con Oppenheimer, Jean se siente totalmente con el control y en su elemento. Crear a una mujer con semejante poder, además de con otros aspectos complejos, y dar vida a su relación con Oppenheimer en colaboración con Chris y Cillian fue en sí una experiencia muy potente, muy empoderante e infinitamente interesante».

Ernest Lawrence – Josh Hartnett

Cuando el físico Ernest Lawrence conoció a Oppenheimer, trabaron amistad de inmediato; Oppenheimer se sintió atraído por la personalidad gregaria y extrovertida de Lawrence.
Para interpretar a Lawrence, Nolan eligió a Josh Hartnett, que ya tenía experiencia en grandes películas que lidian con la moralidad de la guerra y de las heroicidades militares tras interpretar a un piloto del ejército en la película de Michael Bay Pearl Harbor y a un comando del ejército en Black Hawk derribado, de Ridley Scott.

En lo que supone su vuelta al cine tras tomarse un tiempo para criar a sus hijos, Hartnett regresa al género que lo convirtió en estrella con otro tipo de personaje. «Sabía un poco de Oppenheimer, pero no de Lawrence ni de lo importante que fue para la creación de armas nucleares en lo que se ha convertido en nuestro dilema del siglo XXI», dice Hartnett. «Es la figura histórica más importante e impresionante del siglo XX de la que yo tenga conocimiento. Desarrolló el ciclotrón, desarrolló el concepto de gran ciencia y básicamente dio a luz a lo que ahora es el supercolisionador. Todo ha cambiado por este tipo y lo que investigó».

Hartnett se inspiró en su tío abuelo, un físico que trabajó en el programa espacial Géminis que llevó a los norteamericanos a la luna, y el actor devoró además todo lo que pudo investigar sobre Lawrence. «Quería asegurarme de que Lawrence no sonaba contemporáneo y de que era una persona de su tiempo y su lugar», dice Hartnett. «Por suerte, procedo del mismo lugar que Lawrence. Él estudió en Minnesota y yo crecí en Minnesota, así que sé cómo suena la gente de allí. Y criarme en una familia con raíces científicas me ayudó a entender a un tipo que se había impregnado de datos académicos y al que habían dado manga ancha para desafiar los límites de lo posible».

Hartnett centró su actuación en enfatizar todo lo que diferenciaba a Lawrence de Oppenheimer. «Una de las cosas que descubrí es que Lawrence era la clase de persona que hubiera sido la primera elección de todo el mundo para liderar el Proyecto Manhattan. Era extrovertido, tenía don de gentes, se le daba muy bien recaudar fondos… Todas esas cualidades para las que Oppenheimer no tenía precisamente un don natural», dice Hartnett. «Eso me ayudó a tener una buena perspectiva del personaje, porque lo último que quería era caracterizar a Lawrence como científico. Es un ser humano que se diferenciaba enormemente de los científicos de su entorno, sobre todo de Oppenheimer».

Rodar en exteriores en Nuevo México fue muy vigorizante para Hartnett. «Cuando comenzó el rodaje, muchos de nosotros nos alojábamos en un pequeño hotel que consistía en una serie de cabañas puestas una al lado de la otra», dice Hartnett. «Después del trabajo, todos volvíamos y cenábamos juntos, y era todo muy familiar, nada parecido a cómo suelen ser los rodajes hoy en día. Éramos una enorme cantidad de gente que nos concentrábamos en un pequeño lugar trabajando duro para hacer una película importante y, pese a todo, se respiraba un ambiente informal y relajado. Ha sido una de las mejores experiencias de mi carrera».

Niels Bohr – Kenneth Branagh

Ganador del Premio Nobel de Física en 1922, Niels Bohr era una personalidad venerada por Oppenheimer y otros científicos de su generación por su estudio de la estructura atómica y su afamada «Interpretación de Copenhagen» de la mecánica cuántica.

Para interpretar a Bohr, Christopher Nolan recurrió a otro de sus frecuentes colaboradores, Kenneth Branagh, que dio vida al valiente comandante Bolton en Dunkerque y al villano Andrei Sator en Tenet, y cuya propia e historiada carrera alcanzó nuevas cotas en 2021 con Belfast, que le granjeó nominaciones a los Oscar® en las categorías de Mejor Película y Mejor Director, y con la que ganó el Oscar® al Mejor Guion Original.

«Me gustó contar con un punto de partida», dice Branagh del último papel que Nolan le ha encargado. «Niels Bohr es un gran hombre de ciencia, ganador del Nobel, uno de los arquitectos de nuestros tiempos en esta transición de la física clásica a la cuántica, que fue parte del movimiento mundial hacia el conocimiento que trajo la bomba atómica, la energía nuclear y todo lo que aquello conllevó. Hay muchísimo material disponible sobre él. Puedes oírlo, puedes verlo, puedes observarlo y puedes leer mucho sobre él. Lo que más me sirvió son los pequeños detalles que elegí cuidadosamente. A Bohr le apasionaba el fútbol. Su hermano jugaba en la selección nacional danesa y él mismo era un gran futbolista. Siempre le gustó estar al aire libre. Cuando fue a Los Álamos, esquió. Le encantaban las películas del Oeste mudas de los años 20. Y, según quienes lo observaban, era una persona muy despistada. Se trataba de un hombre excepcionalmente brillante capaz de enredarse en una conversación con Einstein y, a la par, un tipo muy de a pie. Era capaz de perderse cruzando la calle, pero su mente era tan aguda y afilada como una cuchilla».

Nolan ayudó a Branagh a centrarse más en su actuación comparando la relación entre Bohr y Oppenheimer con la de famosos personajes de hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana. «Aunque Oppenheimer no pasara necesariamente mucho tiempo con él, Bohr era importante para él», asegura Branagh. «A Chris se le ocurrió que tenía una especie de relación tipo Obi-Wan-Kenobi con Oppenheimer, así que resultaba útil pensar en ella en esos términos. Bohr, era, en cierto modo, un mago, alguien que entendía unos cuantos grados más de lo que Oppenheimer comprendía. Pero Bohr también valoraba que Oppenheimer fuera quien iba a presentar la bomba atómica al mundo. Reconocía que Oppenheimer sería capaz de entender la ciencia y aguantar los juicios y tribulaciones que surgirían a raíz de aquello, algo que Bohr intuía que iba a ser necesario».

Branagh asegura que nunca deja de admirar la capacidad de Nolan para liderar al reparto y al equipo técnico produciendo películas tan ambiciosas, arriesgadas y gratificantes. «Es muy emocionante trabajar con alguien con tanto talento natural como cineasta, seguro en todas las cuestiones importantes», dice Branagh. «Chris lidera la carga con una extraordinaria ética laboral. Siempre es divertido, tiene mucho sentido del humor, es amable y escucha a sus actores. Era un tremendo colaborador y un gran líder natural. Es algo maravilloso poder verlo y apoyarlo».

Edward Teller – Benny Safdie

De la misma forma que a Oppenheimer se le llamó «el padre de la bomba atómica», Edward Teller es conocido por ser «el padre de la bomba de hidrógeno».

Trabajando a las órdenes de Oppenheimer mientras buscaban descifrar los secretos de la fisión, a Teller le costaba formar parte de un equipo y a menudo trabajó al margen de sus compañeros para perseguir sus propias metas. Chocó con su jefe sobre el enfoque del trabajo, ya que creía que debían perseguir un objetivo más complicado: construir bombas de hidrógeno, más potentes. Y aunque instaba a su colega a desarrollar las armas termonucleares más potentes que pudieran crear, fue él quien especuló por primera vez acerca de «la terrible posibilidad» que atemorizaba a Oppenheimer: el potencial de incendiar la atmósfera de la Tierra.

Para interpretar a Teller, Christopher Nolan eligió a Benny Safdie, que ha aparecido en películas como Licorice Pizza y Are You There, God? It’s Me, Margaret. OPPENHEIMER le ha ofrecido a Safdie la oportunidad de explorar un camino que finalmente no tomó. «Casi me hago físico, me faltó un pelo», cuenta Safdie. «Llegó un momento de mi vida en el que me dije: “el cine o la física”. Elegí el cine, pero durante todo el instituto estudié el modelo estándar y mecánica cuántica. Aprendí con un profesor de la Universidad de Columbia y visité algunos grandes laboratorios, esas cosas que uno hace cuando se está planteando seriamente ser físico. Así que fue un poco locura cuando Chris me pidió hacer este papel. Fue una alucinante coincidencia con mis propios intereses».

Safdie quedó fascinado por la mezcla de genio y vanidad que tenía Teller, y por cómo incluso entre la aparentemente heroica misión del Proyecto Manhattan, los puntos débiles y las flaquezas personales amenazaron con poner en jaque el proyecto. «La película es muy fiel a los hechos científicos, pero también a cada científico», dice Safdie. «Cada uno de ellos es todo un personaje, con personalidades complejas y logros extraordinarios. Es asombroso que hubiera una época en la que todos trabajaron juntos en la misma habitación. Estaban ahí por la misma razón, para lograr la misma meta, pero no dejaron los egos fuera, lo que en parte hace que todo sea tan interesante. También hay cierto respeto mutuo único de la época, incluso entre Oppenheimer y Teller, hasta cierto punto. Es bonito ver cómo eso también se desarrolla en la película».

Como el resto de los actores de reparto del Proyecto Manhattan, Safdie recibió metraje de la persona real a la que iba a interpretar para poder fijarse en su voz, gestos y personalidad. «La cosa acerca de gran parte del material filmado que tenemos de estos científicos es que salen dando clase o explicando algo, de forma que están interpretando para sus colegas o sus estudiantes», cuenta Safdie. «Son personas inteligentes intentando demostrar que lo son o presumiendo de ello. Y Teller era como muy fanfarrón cuando hablaba, con esas pausas y esos movimientos que hacía. Pero hay un clip en el que habla sobre su amigo John von Neumann, un matemático y físico, y se vuelve blando y sutil. Y pensé: “Vale, esta es la clave para la voz”. A partir de ahí fue cuestión de afinar las sutilezas, como el ligero ceceo que tenía y su tono, o ajustar y modificar la voz para las escenas en las que es mayor».

Para Safdie, uno de los placeres de trabajar en OPPENHEIMER fue ver trabajar a otro director, específicamente a uno que suele hacer unas películas de mayor tamaño y escala que las del propio Safdie. «Una vez rodamos una secuencia de una fiesta con 100 personas», recuerda el intérprete y director. «Teníamos que rodar tres o cuatro escenas de la fiesta antes de irnos a una localización diferente para hacer otra escena distinta. Era un día de mucho trabajo, pero Chris se puso a ello y pum, pum, pum, pum. Fue impresionante verlo trabajar así con algo tan grande. Y también inspirador. Chris se mueve con velocidad y eficiencia, pero lo más importante y lo más sutil, con una confianza tal que le permite jugar y conseguir exactamente lo que necesita de todo el mundo en el tiempo que estamos juntos. La puerta se cierra y todo el mundo sabe que estamos todos a una, trabajando juntos para resolver las cosas sobre la marcha. Fue genial formar parte de ello, y muy divertido verlo».

Frank Oppenheimer – Dylan Arnold

Robert Oppenheimer reclutó a su hermano pequeño, Frank Oppenheimer, físico de partículas, para trabajar en el Proyecto Manhattan.

Para interpretar a Frank, Nolan eligió a Dylan Arnold (la saga La noche de Halloween), pero Arnold no supo con seguridad a quién iba a interpretar hasta su segundo casting. Como la mayoría de los actores elegidos para encarnar a científicos del Proyecto Manhattan, el casting de Arnold comenzó con la lectura de un monólogo sobre agujeros negros que no estaba atribuido a ningún personaje. «Después me llamaron y me dijeron que iba a ser el hermano pequeño de uno de los personajes principales», cuenta Arnold. «Para entonces tenía muchas ganas de participar en la película y estaba investigando todo lo que podía sobre Oppenheimer. Sabía que Robert tenía un hermano pequeño llamado Frank, así que supuse que mi prueba era para ese personaje, y tiré por ahí».

Arnold se preparó aún más hablando con el hijo de Frank Oppenheimer, Michael, e investigando sobre la relación de Frank con Robert. «Leí un montón sobre Frank», rememora el actor. «Vi unos cuantos vídeos. No hay mucho material disponible sobre él. Sin embargo, fue muy fácil investigar y prepararme porque lo encontré absolutamente fascinante. Frank era todo curiosidad, siempre intentaba explorar y trastear. Con 16 años desmontó el piano de su padre solo para ver cómo estaba construido, y luego lo armó de nuevo antes de que su padre estuviera de vuelta en casa. Y los dos hermanos tenían una relación fascinante. Empezaron a estar más unidos cuando Frank llegó a la adolescencia y empezó a interesarse en la física. Aunque después, de adultos, se distanciaron, sobre todo por las opiniones políticas de Frank. Frank era alguien que hacía lo que creía que era lo correcto y estaba dispuesto a aceptar las consecuencias, fueran las que fueran. En su momento él creyó que unirse al Partido Comunista era lo correcto porque era la antítesis del fascismo, que se estaba extendiendo por el mundo. Así que para él era lo lógico».

Arnold afirma que fue particularmente significativo rodar en las mismas regiones remotas de Nuevo México que significaban tanto para Frank y Robert cuando eran niños, y luego como adultos mientras trabajaban en el Proyecto Manhattan. «Fue realmente poderoso estar en esas localizaciones», dice Arnold. «Chris no permite móviles en el set, y como las escenas de Nuevo México transcurren en los años 40, cuando obviamente nadie tenía móvil, pues pude trasladarme a la mentalidad de cómo sería estar allí y pasar el tiempo en los cañones, ascendiendo una montaña a lomos de un caballo, soportando el viento, la lluvia y los elementos, lejos de todo el mundo. Fue mágico. Como actor, te da mucho trabajo hecho. No tienes que mirar a una pantalla verde ni imaginarte todo eso para trasladarte a un lugar y una época diferentes. Estás realmente ahí».

Hans Bethe – Gustaf Skarsgård

Hans Bethe dirigió la división teórica del Proyecto Manhattan y desarrolló el diseño de las bombas detonadas en Trinity y Nagasaki.

Para interpretar a Bethe, Christopher Nolan eligió a Gustaf Skarsgård, un aclamado actor sueco conocido en todo el mundo por la serie Vikingos y la película más reciente de Ben Affleck como director, AIR. «Tuve la ventaja de contar con muchísimo material para ver y prepararme», dice Skarsgård. «Hay toda una serie de vídeos de YouTube en la que Hans cuenta toda su vida y su experiencia trabajando con Oppenheimer en el Proyecto Manhattan. Me dio un patrón a partir del cual pude trabajar. Con todo, no quise imitar al hombre. Quería aportar a las escenas la esencia de esta persona, y a partir de comprender sobre qué y sobre quién trataban las escenas, controlar cuánta esencia aportar».

Como Matt Damon, Skarsgård dice que se sintió atraído por OPPENHEIMER porque la película conecta personalmente con él, al haber crecido con el miedo a la guerra nuclear, y también porque plantea preguntas acerca de nuestro futuro. «Vivimos en un mundo creado como una consecuencia directa del Proyecto Manhattan», afirma Skarsgård. «Yo crecí en la Suecia de los años 80, justo al lado de la Unión Soviética, y recuerdo que teníamos que hacer simulacros de emergencias en búnkeres bajo la escuela. Esa era nuestra realidad entonces, y ahora debemos preocuparnos sobre si vamos a volver a aquello».

Isidor Rabi – David Krumholtz

Robert Oppenheimer intentó reclutar a su amigo Isidor Isaac Rabi para el Proyecto Manhattan —Rabi destacaba en los ámbitos de la física nuclear y la química—, pero Rabi rechazó tener un papel oficial. No quería tener que mudarse a Los Álamos, y tenía reparos personales y morales respecto a la fabricación de bombas. Pero Rabi apoyó a Oppenheimer trabajando como consultor, y estuvo junto a su amigo en la prueba Trinity.

Para interpretar a Rabi, Nolan llamó a David Krumholtz, que había llamado la atención del director varios años antes con su aplaudida interpretación en la serie dramática de CBS Numb3rs, en la que encarnaba a un genio de las matemáticas que resolvía crímenes para el FBI. «Conocí a Chris hace muchos años, mientras hacía Numb3rs, y me dijo que le gustaba mi trabajo», cuenta el actor, cuya dilatada carrera en teatro y cine incluye otro papel que le fue muy útil para OPPENHEIMER: el del físico Werner Heisenberg, a quien interpretó en la obra Copenhagen, de Michael Frayn. «Nunca me olvidé de que Chris Nolan era uno de mis fans porque ese tipo de fans no se encuentran todos los días. Así que, cuando apareció la oportunidad de OPPENHEIMER, pensé: “¡Bingo!”. Sabía que había visto mi trabajo y que le gustaba, así que fui a Los Ángeles a hacer el casting. No pudo ser más amable, pero durante mi prueba dijo: “Hazlo otra vez, pero en esta ocasión hazlo como si estuvieras volviendo a casa tras salir de este casting y estuvieras pensando ‘Debería haberlo hecho de otra forma’”. Pensé: “Acabo de fastidiarla”. Estuve deprimido cinco horas, hasta que ese mismo día me llamaron y me dijeron que contaban conmigo».

Mientras indagaba sobre Isidor Rabi, Krumholtz conectó con la espiritualidad del físico y lo que le ofrecía a Oppenheimer como modelo a seguir y aliado. «Me sorprendió lo sensato y astuto que era Rabi», dice Krumholtz. «Era un científico-filósofo que creía que la ciencia era una forma de arte, y que los científicos eran auténticos artistas. Tenía sentido que comprendiera tan profundamente la carga que Oppenheimer llevaba sobre los hombros, y que pudiera ser un amigo para él. Conocemos esa especie de arquetipo de los científicos como personas brillantes, pero a los que les falta una pieza. Cuentan con el don del análisis, pero tienen problemas para socializar. Parte de la película muestra cómo Robert Oppenheimer no tenía precisamente todas las piezas. Era un genio total, aunque a su vida le faltaba equilibrio. Pero Rabi era lo contrario a Oppenheimer, él tenía un equilibrio extraordinario. Quería aportar al papel esa sensación de sabiduría, como esa alma vieja que tenía, esa compasión, que demostraba especialmente con Oppenheimer. Era como un hermano para él, como si fueran familia».

Krumholtz ve en OPPENHEIMER una historia atemporal a gran escala sobre un conflicto ético de imposible solución, y una oportuna llamada a cuidar de la Tierra de una forma más inteligente. «Cuando hay que tomar una difícil decisión entre dos opciones que son éticamente cuestionables, solo esperas tener a la gente adecuada a cargo de tomar esas decisiones», afirma el intérprete. «A veces, de esa decisión nacen cosas buenas. Rabi terminó haciendo un trabajo revolucionario al descubrir la resonancia magnética, lo que nos dio los aparatos de resonancia magnética y la habilidad de hacer todo tipo de cosas maravillosas que salvan vidas. Han surgido muchas cosas buenas de los descubrimientos que fueron necesarios para construir la bomba, pero de ella también surgió muchísima destrucción, y todavía puede surgir más. Tenemos como resultado un mundo que da miedo, pero yo aún tengo esperanza. Me gusta mirar hacia adelante. Con suerte, las personas adecuadas terminarán haciendo lo correcto para salvar el planeta con las herramientas científicas a su alcance».

Vannevar Bush – Matthew Modine

En 1941, Vannevar Bush fue nombrado director de la nueva Oficina de Investigación y Desarrollo Científico, con el poder de generar innovaciones en medicina y tecnología armamentística. En medio de la creciente preocupación de que otros países estaban desarrollando una bomba atómica, fue Bush quien movilizó el complejo militar-industrial para entrar en la carrera por desentrañar los secretos de la fisión.

Para encarnar a Bush, Christopher Nolan eligió a Matthew Modine, conocido por su papel protagonista en La chaqueta metálica, de Stanley Kubrick, y por su interpretación de un siniestro científico que investiga misterios cósmicos en Stranger Things. Como sus compañeros Matt Damon y Gustaf Skarsgård, Modine recuerda perfectamente cómo la amenaza nuclear de la Guerra Fría marcó su infancia. «Hay momentos, sucesos y, a veces, gente que marcan un antes y un después», afirma Modine. «El 16 de julio de 1945 es un ejemplo extremo de ambas cosas. La primera explosión atómica en Los Álamos liberó un monstruo que ya nunca más podría volver a estar encerrado. De niño, agachado debajo de mi pupitre, no podía entender si los simulacros eran una amenaza inminente o existencial. Hoy comprendo que aquellos simulacros eran ambas cosas, y que la amenaza siempre está presente».

William Borden – David Dastmalchian

Ferviente defensor de la superioridad nuclear estadounidense y anticomunista acérrimo, William Borden fue un abogado y académico especializado en asuntos de seguridad nacional que se convirtió en el director ejecutivo de la Comisión mixta sobre energía atómica del Congreso de los EE. UU. En 1953, durante sus últimos meses en el puesto, Borden se obsesionó con la idea de que Oppenheimer era un espía de la Unión Soviética.

Para interpretar a uno de los antagonistas de Oppenheimer en sus últimos años, Nolan reclutó a David Dastmalchian, cuya abultada filmografía incluye títulos como Dune y Blade Runner 2049. «A lo que enseguida me aferré fue a la carta que Borden escribió a J. Edgar Hoover y el vehemente escrito que hizo sobre Oppenheimer», dice Dastmalchian. «Sinceramente creo que Borden creía de verdad que Oppenheimer era un enemigo del Estado, así que para él era crucial acabar con él e impedir que pudiera influir en nuestro Gobierno y nuestro Ejército. Ese fue mi objetivo cuando empecé a construir el personaje».

Dastmalchian debutó en el cine con El caballero oscuro, de Christopher Nolan. «Llegué a esa película en un estado de ansiedad total, con ataques de pánico, porque nunca había estado en un rodaje», reconoce el actor. «Pero lo que siempre se mantiene constante y no cambia es la comodidad que Chris te hace sentir como intérprete. Comunicaba sus ideas con una claridad y una confianza que inmediatamente supe que no solo iba a estar a salvo en sus manos, sino que además iba a sacar lo mejor de mí. Así que, en cuanto puse un pie en el set de OPPENHEIMER, pensé: “Oh, aquí está de nuevo esa sensación”. Y sentir eso como actor es maravilloso».

Albert Einstein – Tom Conti

Para interpretar a Albert Einstein —el legendario científico cuya teoría de la relatividad fue el big bang de la nueva física, haciendo posible la bomba atómica—, Christopher Nolan eligió a Tom Conti. Un actor con una carrera de 60 años sobre las tablas y en la pantalla grande, galardonado con un Premio Tony en 1979 por Whose Life Is It Anyway, y una nominación a los Premios Oscar® en 1983 por Reuben, Reuben. «Es una historia tremenda», afirma Conti. «La mayoría de la gente de mi edad conoce el Proyecto Manhattan, pero no todo el mundo conoce las artimañas políticas que hubo alrededor, o lo que le pasó a Oppenheimer después. Fue una situación muy extraña: el Gobierno no le perdonó que salvara a los EE. UU. Él les había salvado el culo, y ellos, a modo de agradecimiento, intentaron acabar con él».

¿Cómo empieza uno a prepararse para interpretar a alguien tan icónico como Einstein? «Dejándote bigote y el pelo largo», responde Conti entre risas. «No soporto tener bigote y, a la hora de llevarlo, Albert no era un minimalista. No puedes tomar una sopa o comer espaguetis, y sin ellos, la vida es más triste. Su acento es tremendamente importante. Por suerte, es un sonido con el que estoy muy familiarizado. Como vivo en Europa, he crecido rodeado de gente que habla como él. Solo el acento, por supuesto. Que hablen como él sobre física… Quizá no tanto».

LA HISTORIA

Las películas de Christopher Nolan han transgredido los límites de la narración cinematográfica para contar historias épicas sobre héroes insólitos y audaces tramas que examinan la necesidad, la moralidad y la soberbia del esfuerzo ambicioso. La rompedora y exitosa Origen sumergió al público en los espacios más intrínsecos de los sueños de la mente, mientras que la espectacular odisea espacial de Interstellar nos embarcó en un psicodélico viaje a los límites externos y los remolinos infinitos del universo. Con Dunkerque, Nolan desplegó múltiples perspectivas y momentos para capturar la desgarradora experiencia de unos soldados tratando de sobrevivir a los letales y deshumanizadores horrores de la guerra, y, con Tenet, iluminó y manipuló los conceptos de la perspectiva y el tiempo para crear un thriller de ciencia ficción metafísico sobre un presente atacado por el futuro. Cada una de sus películas ha sido creada con una asombrosa pasión por las técnicas clásicas del proceso de creación del cine, sin dejar por ello de expandir los límites de nuevas herramientas, en especial las cámaras IMAX®, para reinventar el mismísimo arte del cine.

Ahora, el guionista y director nominado al Oscar® lleva a la gran pantalla su proyecto más ambicioso y urgente hasta la fecha, un arrasador y épico thriller que explora lo más profundo de la psique de un único ciudadano norteamericano: el brillante científico responsable del invento más destructivo del mundo que representó la suma total del ingenio humano; un invento que supondría un punto y aparte para la civilización, al amenazar con su mera existencia el futuro de la humanidad. Inspirada en el libro ganador del Premio Pulitzer Prometeo americano: El triunfo y la tragedia de J. Robert Oppenheimer, de Kai Bird y Martin J. Sherwin, OPPENHEIMER nos hace un repaso del legado de J. Robert Oppenheimer, padre de la bomba atómica. «Mi intención era transportar al público a la mente y la experiencia de una persona que ocupó el centro absoluto del mundo durante el momento de cambio de mayor envergadura de la historia», dice Nolan. «Nos guste o no, J. Robert Oppenheimer es la persona más importante que jamás haya vivido. Convirtió el mundo en el que vivimos en lo que es ahora, para bien o para mal. Y su historia hay que verla para creerla».

Pulsando el botón – La creación de Oppenheimer

La creación de la bomba atómica fue un triunfo del ingenio humano que permitió descubrir cosas que han supuesto la semilla de innovaciones en incontables ámbitos de la ciencia y la tecnología. Sin embargo, también supuso el inicio de una carrera armamentística que ha tenido ramificaciones sísmicas y destructivas para todo el mundo, introduciendo un nuevo miedo existencial que no ha desaparecido en las vidas de gente de todo el mundo.

El origen del deseo de Nolan de hacer OPPENHEIMER fue el miedo que perturbó a los científicos del Proyecto Manhattan mientras investigaban los secretos de la fisión para crear una bomba de fusión, un miedo que Oppenheimer apodaba «la terrible posibilidad». «En los momentos precedentes a la prueba Trinity, Oppeheimer y su equipo estuvieron lidiando con la remota posibilidad de que, cuando apretaran aquel botón y detonaran esa primera bomba, incendiarían la atmósfera y destruirían todo el planeta», dice Nolan. «No había ninguna base matemática ni teórica que les permitiera descartar totalmente esa posibilidad, por pequeña que fuera. Y, pese a todo, decidieron pulsar el botón. Es un momento extraordinario en la historia de la humanidad. Quería llevar al público a esa estancia y que estuviera allí presenciando esa conversación, para que luego viera también el momento de pulsar el botón. Fue un instante absolutamente increíble, si te paras a pensarlo. Ese inmenso riesgo. La relación entre ciencia, teoría, intelecto —las cosas que podemos imaginar— frente a la naturaleza práctica de llevar esas ideas abstractas al mundo real, lidiar con ellas como realidades concretas, y todas sus consecuencias». (Prueba de la fascinación de Nolan con «la terrible posibilidad» puede hallarse en su anterior película, Tenet, que mencionaba la historia).

Prometeo americano se convirtió en una biblia que sirvió de guía y referencia para todos los aspectos de la producción de OPPENHEIMER. Durante la fase de escritura de guion, brindó a Nolan ricas perspectivas que le ayudaron a crear lo que más le interesaba, un retrato crítico de Oppenheimer que no solo dramatizara eventos formativos y claves, sino que explorara su psicología e interrogase las consecuencias de sus actos. «La historia de Oppenheimer es una de las más grandes que pueden contarse», asegura Nolan. «Está plagada de paradojas y dilemas éticos, y esa es la clase de material que siempre me ha interesado. Mientras la película trata de ayudar al público a entender por qué la gente ha hecho cosas del modo que las ha hecho, al mismo tiempo plantea la pregunta de si esa gente debería haberse comportado así. Y el cine, como medio narrativo, es la herramienta perfecta para sumergir al público en una experiencia subjetiva, dejando que sean los espectadores quienes juzguen las cosas del mismo modo que lo hacen los personajes, intentando al mismo tiempo mirar a estos personajes con un poco más de objetividad. En diferentes momentos, tratamos de meternos en la psique de Oppenheimer y de embarcar al espectador en su viaje emocional. Ese fue el desafío de la película: contar la historia de una persona que estaba involucrada en lo que acabó siendo una secuencia de eventos destructiva extraordinaria, pero llevada a cabo por las razones correctas, y contarla desde su punto de vista».

La historia de los años posteriores al Proyecto Manhattan de Oppenheimer ofrece una perspectiva externa de su trabajo y su legado, examinando al mismo tiempo los motivos y las personalidades de individuos fundamentales que impactaron en su vida. La narrativa se centra en Lewis Strauss, otra figura clave a la hora de dar forma a la política nuclear de Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. En 1959, el presidente Dwight D. Eisenhower propuso a Strauss para el cargo de Secretario de Comercio.

Nolan asegura que no suele pensar demasiado en temas referentes a la dirección o la producción mientras escribe sus guiones por miedo a inhibir su creatividad. Pero, en el caso de OPPENHEIMER, sintió la necesidad de describir sobre el papel, por deferencia a sus colaboradores y al estudio, sus estrategias visuales para presentar una historia compleja que pasase continuamente de la experiencia subjetiva a la objetiva y viceversa, así como entre dos juicios distintos en dos momentos diferentes.

Nolan decidió que las escenas contadas desde la perspectiva de Oppenheimer fueran en color (además, las escribió en primera persona, una elección muy poco habitual para un guion), con cambios de plano ocasionales a imágenes evocadoras y surrealistas que expresasen simbólicamente su mundo interior. Las escenas que se centraran en Strauss serían en blanco y negro. «No es nada habitual», nos cuenta Nolan sobre la insólita decisión de escribir en primera persona. «Pero, al mismo tiempo, dejaba claro a cualquiera que leyese el guion que nosotros, los espectadores, estamos viviendo el viaje con Oppenheimer. Estamos mirando sobre su hombro, pensando en su cabeza, lo acompañamos a todas partes».

Al leer el guion por primera vez, la productora Emma Thomas asegura que se sintió totalmente asombrada por lo que Nolan había concebido. «El guion de OPPENHEIMER tiene sin duda el sello de Chris Nolan porque es una persona que siempre ha estado fascinado por la subjetividad y la objetividad, y esta es una historia contada desde diferentes perspectivas», dice Thomas. «Pero, sobre el papel, hizo algo que yo nunca había visto con anterioridad, que es contar ciertas partes de la historia de Oppenheimer en primera persona; es una técnica increíblemente efectiva y eficiente de describir la vida interior de un personaje a todos los que estamos al cargo de la producción, incluido el propio Chris, que necesitamos plasmarlo en pantalla. Creo que es uno de los mejores guiones que he leído nunca».

Nolan escribió el guion durante el verano de 2021. Recibió luz verde inmediatamente por parte de Universal Pictures en lo que será su primera colaboración con Nolan. Así comenzó una misión creativa que se asemejó en cierto modo al propio Proyecto Manhattan: con un grupo de un talento extraordinario al mando de un singular director que se reunió en un remoto rincón del mundo (con localizaciones como el propio laboratorio de Los Álamos) para producir un gran trabajo que emplearía y pondría a prueba sus enormes capacidades.

EL DISEÑO DE PRODUCCIÓN Y LAS LOCALIZACIONES

La misión de construir el mundo de OPPENHEIMER quedó en manos de la diseñadora de producción Ruth De Jong, cuyos créditos incluyen Nop, Nosotros y Manchester frente al mar.

De Jong y Christopher Nolan pasaron semanas empapándose de documentación para desarrollar una estética que resultara auténtica, pero no esclava de las referencias históricas. A Nolan le gusta que sus películas tengan una estética atemporal, incluso en un filme como OPPENHEIMER, que transcurre en una época histórica concreta. Nolan animó a De Jong a que no fuera excesivamente meticulosa con los detalles históricos. Le gustaba la idea de abrir la puerta a la modernidad, permitiendo que los coches, los teléfonos y otros avances tecnológicos fueran un poco anacrónicos. Es una decisión que se ajusta a una narración sobre un hombre que persigue el futuro, contada desde su punto de vista. «Chris siempre me decía: “Ruth, no voy a hacer un documental soporífero”», rememora De Jong riéndose. «Me venía muy bien escuchar eso porque yo me meto mucho en el trabajo de investigación. En lugar de eso, nuestro proceso fue ver los hechos reales, comprender su esencia y luego separarnos de su forma y hacer nuestra película».

Los Álamos

En 2021, De Jong empezó a trabajar con Nolan, la productora Emma Thomas y el productor ejecutivo THOMAS HAYSLIP en un diseño que les diera todo lo que necesitaban con la máxima eficiencia (la película se iba a rodar en cinco grandes localizaciones, la mayoría en Nuevo México). Su primera tarea fue desarrollar una versión de Los Álamos, la sede central del Proyecto Manhattan. «A Chris le gustaba llamarlo “nuestro pequeño pueblo del Oeste”, con un puñado de pequeños edificios y dos pistoleros, ya que eso es básicamente lo que se ve», dice Hayslip. «Pero Los Álamos no tiene nada de pequeño, y gran parte de nuestro trabajo fue tanto recrearlo como generar la impresión de estar en ese lugar».

· Nolan sopesó rodar en la auténtica población de Los Álamos, donde se han preservado algunas de las estructuras creadas para el Proyecto Manhattan. Pero Los Álamos de hoy no coincide con Los Álamos del Proyecto Manhattan, y hay edificios modernos —incluido un Starbucks— que habría sido muy laborioso evitar o costoso eliminar con tecnología digital.

· De Jong dibujó una detallada recreación de Los Álamos, que luego se pasó a formato físico como maqueta tridimensional en las instalaciones de preproducción. La maqueta creció tanto que tuvo que colocarse en el patio trasero de la oficina de producción. Pero luego empezó a disminuir de tamaño cuando los productores se dieron cuenta de que construir una réplica a tamaño real de Los Álamos, con exteriores e interiores, tendría un coste prohibitivo.

· Mientras los cineastas modificaban sus planes, surgió una nueva estrategia: construirían los exteriores en Ghost Ranch, una finca de unas 8500 hectáreas al norte de Nuevo México, y rodarían la mayoría de los interiores en la auténtica Los Álamos. Este enfoque fue muy estimulante para los intérpretes, ya que permitió a Cillian Murphy y Emily Blunt rodar escenas en la misma casa donde vivieron los Oppenheimer. «Chris quiere que todo parezca auténtico, ya se trate de rodar en los auténticos lugares donde la gente del Proyecto Manhattan vivió, o en edificios levantados desde cero», cuenta el productor Charles Roven. «También le gusta que las películas den la sensación de ser artesanales, no hechas en un estudio o generadas por ordenador. Y se puede sentir eso a lo largo de la película, especialmente respecto a los efectos mecánicos, ya se trate de poner nieve en el suelo, crear ondas en la superficie de un lago (una idea recurrente en la película) o cómo se abordó la explosión de la primera bomba atómica».

El lugar de la prueba Trinity

· El equipo de Nolan recibió permiso para rodar en el campo de pruebas de White Sands, exactamente en el mismo lugar donde se realizó la prueba Trinity. Pero este emplazamiento sigue siendo una base militar en activo, y la producción no podía permitirse parar entre seis y ocho horas al día mientras los militares practicaban bombardeos o probaban radares.

· Así que Nolan construyó en Belén (Nuevo México) su propia versión del lugar de la prueba Trinity —cuyo rasgo más destacado fue una torre de acero de unos 30 metros— y del búnker donde Oppenheimer contempló la detonación.

Otras localizaciones

· OPPENHEIMER se rodó también en las instalaciones del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Princeton, donde Oppenheimer y Einstein trabajaron juntos tras la Segunda Guerra Mundial, exactamente en el mismo edificio donde Oppenheimer trabajó como director.

· Aunque el antiguo despacho de Oppenheimer ha sido remodelado y tiene un aspecto demasiado moderno, el de Einstein se ha preservado como era entonces, y el equipo de producción obtuvo permiso para usarlo y decorarlo para recrear el despacho de Oppenheimer. Además, Nolan rodó en el interior y exterior de la casa original donde Oppenheimer y Kitty vivieron en aquella época del Instituto, así como en los terrenos adyacentes y el estanque.

LA FOTOGRAFÍA

OPPENHEIMER es la cuarta colaboración entre Christopher Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema, tras Interstellar, Tenet y Dunkerque, por la que estuvo nominado a un Oscar®. La filmografía de van Hoytema también incluye títulos como Her, Spectre y Nop. «Mi mayor reto respecto a OPPENHEIMER es que es muy diferente a las otras películas que he hecho con Chris», dice van Hoytema. «En Interstellar, Dunkerque y Tenet se pone en énfasis en la acción. OPPENHEIMER es más un thriller psicológico supeditado a los rostros de los personajes».

· «El estilo de fotografía que Hoyte y yo adoptamos para esta película tenía que ser muy sencillo pero potente», explica Nolan. «Que no hubiera una barrera entre el mundo de la película y los espectadores, sin estilizaciones obvias más allá del blanco y negro de algunas secuencias. Queríamos, especialmente con las secuencias en color, una fotografía muy sencilla y sin adornos, lo más natural posible, que mostrara las numerosas texturas de ese mundo. Ya sea con el vestuario, los sets o las localizaciones, buscamos la complejidad y los detalles del mundo real».

· OPPENHEIMER se rodó exclusivamente con cámaras de gran formato: Panavision® 65 mm e IMAX® 65 mm. «Rodar en gran formato te da, sobre todo, claridad», explica Nolan. «Es un formato que permite que el público se sumerja completamente en la historia y en la realidad que le estás mostrando. En el caso de OPPENHEIMER, es una historia de gran escala, tamaño y alcance. Pero también quería que los espectadores estén en las habitaciones donde todo ocurrió, como si estuvieras ahí, conversando con esos científicos en esos momentos clave».

· Las escenas en blanco y negro requirieron la invención de un nuevo tipo de celuloide. «Una de las primeras llamadas que hicimos fue a Kodak», cuenta van Hoytema. «Les preguntamos: “¿Tenéis película de 65 milímetros en blanco y negro?”. Y, por supuesto, no la tenían porque nunca la habían fabricado. Así que preguntamos: “¿Podéis crearla?”. Y nos respondieron en plan “¿Quizás?”. Y no paramos de molestarlos, como niños pequeños, hasta que la hicieron. Por suerte para nosotros, estuvieron a la altura del reto. Nos entregaron un prototipo de celuloide —recién fabricado, con etiquetas escritas a mano— y lo probamos. Alucinamos la primera vez que lo vimos. Era tan hermoso y especial».

· El rodaje comenzó como un ambicioso experimento para producir un drama humano con las cámaras más grandes del mundo. «IMAX® es un formato usado normalmente para crear espectáculo, mostrar paisajes y transmitir grandeza», dice van Hoytema. «Pero yo he tenido desde siempre la curiosidad de saber si puede ser igual de potente si se usa para primeros planos. ¿Podemos rodar psicología? ¿Podemos convertir este medio en algo íntimo? Con OPPENHEIMER ha habido una evolución. Ha sido la primera película en la que me he visto obligado a demostrar mis palabras con hechos, por así decirlo, y hacerlo realidad porque la historia así lo exigía».

· Debido al gran formato de las cámaras y los dos tipos diferentes de película usadas, color y blanco y negro, el reto de crear OPPENHEIMER con múltiples formatos continuó durante la postproducción, ya que había que montar, corregir el color y crear copias de la película para IMAX®, proyección digital y proyección estándar.

EL DISEÑO DE VESTUARIO

Trabajando con Christopher Nolan por primera vez está la legendaria diseñadora de vestuario Ellen Mirojnick, cuya premiada carrera que abarca cuatro décadas incluye clásicos como Atracción fatal, Wall Street, Instinto básico y Speed: Máxima potencia. «Siempre me han encantado las películas de Chris Nolan», confiesa Mirojnick. «Me encantan el tipo de historias que cuenta y su forma de hacerlo. Me encanta que haga pedazos las cosas y vuelva a unirlas con una complejidad quirúrgica, una sorpresa y un gran estilo. ¡Es eléctrico! Descarga una energía que permite que tu imaginación y curiosidad vuelen con una emoción sin límites. De la historia de Oppenheimer encontré muy interesante descubrir lo sincronizados que estaban sus genios en explorar un paisaje desconocido a través de la experimentación con la fisión y la fusión, literal y metafóricamente».

· Mirojnick diseñó el vestuario del Robert Oppenheimer de Cillian Murphy para que reflejara su refinado gusto a través de su atuendo. Su atractivo se ve acentuado por los tonos azulados de sus camisas, que iluminan sus penetrantes ojos azules. Oppenheimer cultivó una misma silueta toda su vida. Mirojnick descubrió durante sus investigaciones que el peso fue lo único que afectó a esa silueta, y que se le vio «más voluminoso en la época que vio la detonación y los efectos de la bomba», cuenta la diseñadora. «Su estilo, sin embargo, permaneció inalterado».

· Un aspecto clave del estilo de Oppenheimer fue su sombrero. A Mirojnick y su equipo les llevó un tiempo descubrir su origen. Mirojnick contactó con fabricantes de Nueva York e Italia para recrear su característica forma, pero fue Baron Hats, los legendarios creadores de sombreros de Hollywood, quienes recrearon el sombrero a la perfección.

· El sombrero de Oppenheimer tenía unas líneas características, y Nolan conocía al dedillo cada arruga, cómo se doblaba el ala o la forma que tenía la copa. «Solo Chris tenía la capacidad de darle la forma justa», dice Mirojnick. «Cuando él lo tocaba, surgía la magia. Le daba la vuelta o lo giraba un poco o doblaba ligeramente el ala para conseguir lo que tenía en mente».

· En contraste con la cuidada sencillez de Oppenheimer, Lewis Strauss (Robert Downey Jr.) siempre iba a la moda hasta en el último detalle. Todo su vestuario estaba hecho a medida. Incluía trajes cortados a mano, camisas personalizadas con sus iniciales y corbatas creadas a partir de fotografías. Todo está diseñado exclusivamente para transmitir su riqueza, prosperidad y éxito.

· En una foto de una audiencia ante el Senado, se ve a Strauss con un entallado traje oscuro a rayas, una camisa blanca y una corbata amarilla con rayas anchas de color azul oscuro. Nolan quería que Downey Jr. llevara el mismo conjunto en la escena de la audiencia en la película. Mirojnick y su equipo recrearon con exactitud todas las prendas de la foto, y eso pese a que la escena es en blanco y negro.

· En el caso de Jean Tatlock (Florence Pugh), excepto unas pocas fotos de su rostro, no había referencias visuales disponibles. Así que Mirojnick diseñó un vestuario que transmitiera su personalidad y la forma en la que Pugh quería interpretarla. «Jean tenía una pasión abrasadora en su interior», dice Mirojnick. «Tuvimos en mente lo que se necesitaba para expresar los movimientos del personaje».

· Por su parte, Kitty Oppenheimer (Emily Blunt) pasa de ser una intelectual de la alta sociedad del área de la bahía de San Francisco a verse como una lánguida ama de casa abandonada en el desierto. Para evocar un alma decaída y apagada, Mirojnick diseñó un vestuario ecléctico para la Kitty de Los Álamos, una mezcla de piezas informales y a la moda que sugieren que a Kitty le ha dejado de importar su aspecto.

· Mirojnick cuenta que su mayor reto fue vestir a los numerosos extras de las escenas de Los Álamos, ya que requería muchos tipos diferentes de prendas que ayudaran al público a captar el carácter fronterizo de este laboratorio secreto de investigación del Ejército. «Allí había científicos, soldados, madres, trabajadores y niños, de todos los tamaños y formas, a lo largo de unos cuantos años», explica Mirojnick. «Además, el equipo debía asegurarse de que cada estación estaba representada correctamente, al tiempo que se tenía en consideración a los actores que rodaban en exteriores, en el frío invierno de Nuevo México».

LA MÚSICA

Para crear la banda sonora de OPPENHEIMER, Christopher Nolan volvió a contar con el compositor ganador del Oscar® Ludwig Göransson (las películas de Black Panther), que ya había creado la música de Tenet. «El trabajo de Ludwig en la película es profundamente personal e históricamente amplio al mismo tiempo», dice Nolan. «Consigue el efecto de construir un mundo emocional que acompaña al mundo visual que Ruth De Jon ha diseñado y Hoyte van Hoytema ha rodado, y atrae al público a los dilemas emocionales de los personajes y sus interacciones con las enormes situaciones geopolíticas a las que se enfrentan».

· Nolan cuenta que no tenía nada preconcebido para la música de la película, pero que le ofreció a Göransson una idea como punto de partida. «Le sugerí que basase la banda sonora en el violín», dice el director. «Hay algo en el violín que me resulta muy adecuado para Oppenheimer. Su afinado es frágil y está totalmente a merced de la interpretación y la emoción de quien lo toca. Puede ser muy hermoso y, al momento, volverse aterrador o amargo. Así que hay una tensión —una neurosis— en el sonido que creo que encaja con la alta tensión intelectual y emocional de Robert Oppenheimer».

· Göransson, inspirado por la sugerencia de Nolan y las vívidas imágenes que pudo ver en las primeras etapas de preproducción, se embargó en una exploración creativa abrazando el potencial expresivo del violín. Movido por el firme deseo de expresar el delicado cruce entre la belleza y el temor, los empeños creativos de Göransson dieron lugar a una serie de cautivadores experimentos. Técnicas como la incorporación de ligaduras microtonales se usaron con destreza para expandir la paleta sonora, llenando la música de atributos etéreos. En colaboración con estimados músicos de la Hollywood Studio Orchestra, Göransson comenzó a dar forma al mundo musical de OPPENHEIMER con un íntimo solo de violín, capturando así la esencia del personaje. Según la historia avanzaba, el conjunto fue creciendo gradualmente para incluir un cuarteto, octeto y, finalmente, un gran conjunto de instrumentos de cuerda y metal. Esta orquestación progresiva refleja la creciente complejidad del viaje que muestra OPPENHEIMER, enriqueciendo el tapiz musical con cada nuevo añadido.

· En las primeras etapas del proceso de composición, Göransson fue firme en su compromiso de preservar la esencia orgánica del violín y los instrumentos de cuerda, y optó por no utilizar técnicas de producción modernas. «El corazón y el pulso de la música surgen de una orquesta orgánica, con una música con un toque humano», dice Göransson.

· Además del tema de Oppenheimer, otros motivos musicales asociados a personajes específicos siguieron la misma filosofía. Por ejemplo, Kitty Oppenheimer y el romance entre ella y Robert se acompañan de una evocadora melodía de piano. Según la creación de la banda sonora avanzaba, Göransson encontró oportunidades estratégicas para introducir elementos de producción más contemporáneos. En concreto se usaron sintetizadores para simbolizar la inminente fatalidad y las inquietantes consecuencias de la creación de Oppenheimer, creando así una atmósfera como de otro mundo para el motivo musical de Los Álamos.

· Durante la fase de postproducción del film, la grabación de la banda sonora se realizó durante cinco intensos días. Göransson, inspirado por su visión artística, se llevó a sí mismo a sus compañeros músicos al límite de sus habilidades técnicas. Particularmente, la secuencia de montaje incluye una grabación completa y continua que demostró ser enormemente difícil de conseguir y exigió numerosos intentos y un gran esfuerzo para realizar a la perfección.

LOS EFECTOS VISUALES

Al contrario de lo que se rumorea por Internet, Christopher Nolan no detonó una bomba atómica de verdad en Nuevo México para poder filmar para OPPENHEIMER el fuego nuclear y la nube de hongo de la icónica prueba Trinity. En lugar de eso, Nolan y el director de fotografía Hoyte van Hoytema trabajaron con los supervisores de efectos especiales SCOTT FISHER (un veterano colaborador de Nolan que ganó sendos Premios Oscar® por Interstellar y Tenet) y ANDREW JACKSON (que también ganó un Oscar® por Tenet) para producir la versión cinematográfica de una explosión atómica. Nolan les impuso una limitación: fiel a su preferencia artística por los efectos mecánicos, Nolan les dijo que no podía haber imágenes generadas por ordenador. «Desde el principio supe que la prueba Trinity iba a ser una de las cosas más importantes que debíamos resolver», dice Nolan. «Había hecho una explosión nuclear por ordenador en El caballero oscuro: La leyenda renace, que funcionó muy bien para esa película. Pero también que enseñó que con un hecho real como Trinity, que quedó bien documentado usando cámaras y formatos nuevos desarrollados precisamente para grabar ese evento, las imágenes creadas con ordenador nunca nos darían la sensación de amenaza que se ve en las grabaciones reales. Hay algo visceral en ese metraje. Se convierte en algo táctil, y al ser táctil puede resultar tan amenazante como asombroso. Así que ese fue el reto: encontrar lo que podríamos llamar métodos analógicos para producir efectos que evoquen la amenaza, el asombro y la horripilante belleza de la prueba Trinity».

Jackson y Fisher comenzaron a realizar experimentos —entre otros, aplastar juntas dos bolas de ping pong, lanzar pintura contra una pared e idear mezclas de magnesio luminoso— y a grabarlos en superprimer plano con pequeñas cámaras digitales a diferentes tasas de fotogramas por segundo. «Luego se lo enseñamos a Chris», explica Fisher, «que dijo: “Sí, este es el camino. Ahora pensad cómo rodarlo con cámaras IMAX®”». Esa labor exigió crear una larga lente macro de ojo de pez que pudiera acoplarse a las cámaras IMAX® y Panavision®. Sigue siendo un secreto cómo se crearon las imágenes de la propia explosión atómica, pero está claro que hacerlas fue un Proyecto Manhattan en sí mismo, y además bastante divertido. «Su departamento era como un gran proyecto de la clase de ciencias», dice van Hoytema. «Me daba mucha envidia ver cómo podían jugar con todas esas cosas».

Algunas de las técnicas que el equipo de efectos especiales de Nolan usó para crear el espectáculo de la fisión nuclear se aprovecharon para ayudar a crear las escenas que muestran el mundo interior de Oppenheimer. De nuevo, Nolan dio prioridad a los efectos mecánicos y evitó las imágenes creadas con ordenador. «Parece que las imágenes creadas mediante ordenador son la manera obvia de hacerlo, pero sentía que de esa forma no íbamos a conseguir nada personal y único para el personaje de Oppenheimer», cuenta Nolan. «Fuimos capaces de generar esta increíble biblioteca de idiosincrásicas, personales, aterradoras y hermosas imágenes para representar los procesos mentales de alguien que estuvo al frente del cambio de paradigma de la física newtoniana a la mecánica cuántica, que miraba a la aburrida materia y veía la extraordinaria vibración de energía que se esconde en el interior de todo, y cómo eso podía ser liberado, y lo que esa liberación conllevaría».

OPPENHEIMER

OPPENHEIMER
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L to R: Cillian Murphy is J. Robert Oppenheimer and Robert Downey Jr is Lewis Strauss in OPPENHEIMER, written, produced, and directed by Christopher Nolan.