Las confesiones más íntimas de Leia

Carrie Fisher habla en su último libro de su romance con Harrison Ford y su relación con el carismático personaje que le dio la fama

Astrid Meseguer – LA VANGUARDIA (11 de Abril de 2017)

Barcelona – Carrie Fisher nos dejó inesperadamente el pasado 27 de diciembre, cuatro días después de haber sufrido un infarto en un avión mientras volaba de Londres a Los Ángeles. La actriz, de 60 años, se encontraba en la capital británica promocionando su último libro, El diario de la princesa, una interesante obra autobiográfica que se acaba de poner a la venta en castellano y catalán a través de los sellos de Ediciones B, Nova y B.cat.

A través de las 268 páginas que componen el manuscrito, Fisher habla abiertamente y sin tapujos de la complicada relación amorosa que mantuvo con Harrison Ford durante el rodaje de la primera película de Star Wars, a la vez que traslada al lector los sentimientos que la invadieron tras convertirse en la princesa Leia y alcanzar una fama inesperada para la que no estaba preparada. De hecho, ni ella ni Ford o Mark Hamill, que encarnaba a su hermano Luke Skywalker en la película.

La malograda actriz comienza su relato repasando los acontecimientos más destacados que sucedieron en el año 1976 hasta desembocar en el inicio del rodaje de la saga galáctica capitaneada por George Lucas. “Star Wars era y es mi trabajo. No puede despedirme y jamás podré dejarlo”. Así que, en el año 2013, cuando recibió la noticia de que contarían con el elenco de la trilogía original para las nuevas películas solo pudo exclamar un sonoro “¡Aleluya!” que resultó ser una bendición.

A partir de ahí, Carrie nos brinda la oportunidad de acceder a un episodio crucial en su vida a través de los diarios que escribió a los 19 años, durante el rodaje del filme que marcó un antes y un después en su agitada existencia.

Fisher echa la vista atrás y repasa cómo era su pequeño mundo antes de ser Leia. Recuerda que en un principio no tenía intención de meterse en el negocio del espectáculo. Era una industria cruel que había ninguneado a su madre Debbie Reynolds, protagonista de la mítica Cantando bajo la lluvia (1952), cuando cumplió los 40 y ésta no tuvo más remedio que acabar su carrera en clubs nocturnos de Las Vegas. Pero sin saber muy bien por qué, Carrie decidió participar a los 17 años en un pequeño papel en Shampoo (1975), donde mantenía una escena de cama con el seductor Warren Beatty.

Después se presentó a varias audiciones, y nos explica la que hizo con Terrence Malick para Días del cielo. Leyó diálogos junto a John Travolta, con el que hubo “una química fantástica”. Pero al final el actor de Grease no pudo intervenir en el filme y le tocó leer con Richard Gere, con el que no hubo “burbujeo”. La joven actriz quedó descartada y decidió matricularse en la Central School of Art and Drama de Londres, un cambio necesario que la llevaría a apartarse de su madre durante un tiempo y a enamorarse de todo lo británico.

El día que se convirtió para siempre en Leia Organa

La autora se detiene en la audición que hizo en Hollywood para el papel de Carrie en la película de Brian de Palma y el de la princesa Leia ante George Lucas, un director que “hablaba muy poco”. Finalmente, consiguió que Lucas la escogiera para su fantasía espacial. “¡Llovía en Lós Ángeles y yo era la princesa Leia!. Nunca antes había sido la princesa Leia, y ahora lo sería eternamente. Nunca dejaría de serlo”, relata.

“Rara vez he hablado de Leia en detalle”, confiesa en el libro, pero ahora se atreve a hacerlo sin rodeos. “He pasado la mayor parte de mi vida -desde los 19 hasta los 40- siendo tanto yo misma como la princesa Leia. Contestando preguntas sobre ella, defendiéndola, hartándome de que me confundan con ella, eclipsada por ella, luchando con el resentimiento que despierta en mí, apropiándome de ella, encontrándome a mí misma, acompañándola, amándola… y deseando que por fin se largue y me deje ser yo misma. Pero entonces me pregunto quién sería yo sin Leia y descubro cuánto me enorgullezco de ella”, se sincera. “Me gustaba ser la princesa Leia. O que la princesa Leia fuese yo. Con el tiempo nos fusionamos en una sola persona; no creo que nadie pueda pensar en Leia sin que yo merodee por sus pensamientos. Y no estoy hablando de masturbación”.

Los rodetes galácticos

Una de las características más importantes de su personaje era el peinado. Dos enormes postizos en forma de rodetes que la peluquera Patt McDermott se encargaba de cepillar y fijar cuidadosamente en un horario intempestivo y que sería imitado por toda una legión de fans. “El look de Leia luego lo llevarían niños, travestis y parejas en lo que sería una fantasía sexual inmortalizada por la serie Friends”, matiza.

La actriz asegura que siempre odió ese peinado, que la hacía parecer más gorda de cara. De hecho, Fisher recuerda que tras obtener el papel le pidieron que perdiese cuatro kilos y medio de peso antes de empezar a rodar, una exigencia que no logró cumplir y que al final no tuvieron en cuenta.

“Creo que tal vez quienes idearon ese peinado de rodetes lo hicieron con la intención de que funcionasen como sujetalibros y mantuviesen mi cara allí donde estaba: entre mis orejas y sin aumentar de tamaño”. Lo que está claro es que en España esos rodetes siempre se parecieron más a unas pequeñas ensaimadas. Pero, ¿cómo los calificaría una estadounidense que no supiera de la existencia de ese producto gastronómico típico balear? Algo así como dos “enormes bollos de canela” o dos “auriculares peludos”, aclara Fisher en tono irónico.

El polémico bikini metálico

Otro elemento icónico asociado a su personaje es el bikini dorado metálico que lucía en El retorno del Jedi (1983). Fisher no entendía por qué debía ponerse semejante atuendo para acompañar a Jabba el Hutt, la gigantesca babosa espacial que la había hecho prisionera. Una escena que forma ya parte la historia del cine y que muchos han considerado como una sexualización de su personaje.

Sin embargo, está encantada con el hecho de que al final pudiera acabar con el alienígena. “Mi momento favorito de mi historia cinematográfica, que os recomiendo fervorosamente que reproduzcáis: encontrad en vuestra mente el equivalente de matar a una gigantesca babosa espacial y celebradlo”.

Carrison o el inesperado romance con Harrison Ford

Cuando empezó el rodaje de la película que posteriormente pasaría a denominarse Episodio IV: Una nueva esperanza, la joven Carrie tenía ganas de empezar una aventura romántica. Estaba fuera de casa con gente desconocida y el ambiente invitaba a desmelenarse un poco.

Con fama de hablar demasiado, la escritora asegura que ha guardado en secreto durante años el romance que mantuvo con Harrison Ford, su atractivo compañero de reparto, durante los tres meses que rodaron el filme. Una pasión que bautizó con el nombre de Carrison y que se desvaneció como por arte de magia al terminar el último día de grabación, pues él estaba casado y tenía dos hijos.

Cuando lo vio por primera vez, sentado en la cantina del plató, pensó: “Ese tío será una estrella (…) Parecía un icono, como Humphrey Bogart o Spencer Tracy. Lo rodeaba una suerte de energía épica”. Ella se sentía a un nivel inferior, abrumada ante su presencia y jamás pensó que tendría nada con él.

Con un lenguaje directo, se dirige de forma cómplice al lector y aclara que no es una mentirosa y que hasta ahora, por discreción, ha estado guardando una “verdad banal, romántica e incómoda” que empezó tras una fiesta para celebrar el 32 aniversario de George Lucas. Fisher describe cómo varios miembros del equipo tenían intención de emborracharla (a ella le sentaba fatal el alcohol) y se la llevaban a un rincón cuando apareció Ford y la rescató. “Nos arrojó, a mí y a mi virtud, en el asiento trasero del coche”, añade la actriz.

De los besos en el taxi pasaron a la cama de la casa de ella. Por aquel entonces, Fisher era una chica inexperta en materia de sexo, algo que parecía incomodar a Ford, un hombre de 33. “Tras la primera noche juntos eché un vistazo a Harrison. Tenía la cara de un héroe. ¿Cómo podrías pedir a un hombre tan brillante que estuviera satisfecho con alguien como yo?”, relata.

Fueron tres meses de romance de fin de semana, tiempo suficiente para caer totalmente enamorada en las redes de un tipo de pocas palabras que no quería nada serio con ella y con la que compartía su afición a la marihuana. “Yo jugaba en serio y él jugaba a divertirse”, escribe en un tono lleno de dolor.

Y es que las memorias de la actriz incluyen también reflexiones poéticas sobre su intenso romance, una relación plagada de “sexo maravilloso” que le dejó un poso amargo. “Creí que me proporcionarías un poco de la ternura de la que carezco. Me quitaste el aliento y ahora quiero recuperarlo”, se lamentaba por aquel entonces la actriz.

La autora cree que a lo mejor se equivocó de compañero y siente no haberse enamorado de Hamill. “Podría haber sido él. Debería haber sido él, tal vez hubiese significado algo. Quizá no mucho, pero sin duda más”. Y como el paso del tiempo ofrece luego una perspectiva diferente de las cosas, una madura Carrie resume su idilio con Han Solo como “una aventura corta y apasionante de la que se alejaría con el tiempo satisfecha”.

Después de cuatro décadas, todo forma parte del pasado y la artista describe en la actualidad al que fuera su amante como un hombre “más ingenioso, bueno y amable, aunque complicado y muchas veces taciturno”. Fisher y Harrison Ford volvieron a aparecer juntos en la gran pantalla en La guerra de las galaxias: El despertar de la fuerza (2015).

La lectura de El diario de la princesa contiene momentos de una emotividad absoluta, en los que Fisher desnuda su alma y habla con humor y sarcasmo de sus problemas con su físico, sus adicciones a las drogas, su trastorno bipolar o sus deseos suicidas: “No quiero formar parte de mi vida”, llegó a escribir. Tampoco esconde el rechazo a que le hagan fotos, el daño que le causa ser dueña de una mente demasiado concurrida o el miedo a enfrentarse al declive profesional como al que se vieron arrastrados sus padres, Debbie Reynolds y Eddie Fisher.

La princesa Leia no temía a Darth Vader, pero sí a ella misma: “Ojalá pudiera marcharme a alguna parte; el único problema es que yo también tendría que ir”, relató la heroína galáctica. Leia y Carrie. Carrie y Leia. Dos almas gemelas unidas hasta la muerte.