Deadpool 2: Las críticas

Seguidamente pueden leer las principales críticas de la prensa española sobre la película. Las opiniones sobre este film pueden incrementarse en los próximos días.

Marta Blanco
Redacción ESTRELLAS EN LA NOCHE


Deadpool 2: Ni una chispa de amargura

Ya no cabe la descacharrante extrañeza de la original, pero sí una nueva fiesta de fábrica de colores e insultos

Javier Ocaña – EL PAIS (18 de mayo de 2018)

“¿A quién se ha follado este Deadpool para tener película propia?”, se preguntaba un personaje en una de las mejores líneas de guion de la película homónima, efervescente sorpresa comandada por uno de los superhéroes secundarios de la casa Marvel, que hacía de la irreverencia, la autoparodia y la referencialidad sus armas de destrucción cómica masiva. Unas peculiaridades de tono, narración y estilo, con las que sus responsables vuelven a jugar un nuevo combate en Deadpool 2, dos años después de la primera entrega, con la que ya no cabe la descacharrante extrañeza de la original, pero sí una nueva fiesta de fábrica de colores e insultos, de benditas insustancialidades en tiempos de, para algunos, sobrecarga de superheroísmos y pretenciosidades.

De nuevo paródica hasta la autoflagelación, la película demuestra no solo ser graciosa sino también poseer cierto estilo en las secuencias de acción. David Leitch, sustituto de Tim Miller al frente de la dirección, tras demostrar en Atómica (2017), su obra de debut, que se puede filmar una pelea espectacular sin apenas cortes de montaje, jugar incluso con el plano secuencia y resultar verosímil, comienza su jugoso artefacto con dos momentos consecutivos casi musicales, y previos a los créditos, de formidable fusión entre comicidad, tempo de montaje y tono descarado.

El estupendo Ryan Reynolds, también coguionista, ofrece un nuevo recital de inflexión de la voz, con la que va marcando, con sutileza y gracia, las payasadas que ha escrito el equipo de escritores, llenas de brío y de guiños a la cultura popular, cine y música, y a sus compañeras de viaje de la factoría Marvel. De modo que la película únicamente decae cuando, en su primera mitad, el (aparente) villano de la función va por libre en unas aventuras que, más que nada, a pocos importarán, por convencionales.

Sin embargo, con la secuencia de la formación y, sobre todo, del destino del grupo como paradigma de su salvajismo, en las antípodas de la pompa y la (falsa) circunstancia de tanto gato por liebre contemporáneo, Deadpool 2 vuelve a ofrecer sorpresas tronchantes (atención al cameo de una gran estrella), y una frase que podría envolver su espíritu a contracorriente: “¡Cuánta amargura! ¿Seguro que no perteneces al universo de DC Comics?”.


Deadpool 2: cómic cómico

Francisco Marinero – EL MUNDO (18 de mayo de 2018)

Han pasado apenas unas semanas desde el estreno de Vengadores: Infinity War y la editora de cómics y productora de cine Marvel no nos da un respiro. Ahora, lanza otro superespectáculo de superhéroes, dejando de manifiesto no sólo que puede copar el mercado con su enorme capacidad financiera, sino también su apuesta, al parecer ganadora, por la acumulación. Marvel acumula películas y en cada una de las últimas acumula personajes de sus tebeos porque no le basta un único protagonista para desplegar su arsenal de efectos especiales, persecuciones, demoliciones, etc, además de proyecciones más y más prolongadas.

Como era de esperar, Deadpool 2 ofrece todo esto y añade la explotación de mutilaciones y hemorragias, siempre con la perfección del espectáculo capaz de provocar asombro, al igual que lo hacen algunos escenarios, las artes marciales y los superpoderes de los buenos y los malos. Lo mejor es que toda la película y, en especial, el guion de Rhett Reese (que ya fue el autor de la primera entrega y de Bienvenidos a Zombieland y de G.I. Joe: La venganza) constituyen pura comedia, en gran medida con las constantes referencias a temas de actualidad y, sobre todo, con parodia de los diálogos, personajes y situaciones del género, sin que, no obstante, pueda divertir sin necesidad de haber visto lo que aquí es objeto de burla cómplice. De nuevo, Ryan Reynolds interpreta a un héroe que no se toma en serio ni su persona ni a los demás.


Deadpool 2: Marvel, otra vez sin vergüenza

Carmen L. Lobo – LA RAZON (18 de mayo de 2018)

Quién lo iba a decir, que Marvel tendría su propio Torrente, aunque más alto y musculoso, un zarrapastroso malhablado con la cara hecha un cuadro, eso sí. Aunque el del Atlétic tampoco es para enviarlo a un concurso de belleza. Y quién, nos seguimos preguntando, que contaría con su propia factoría «Scary», porque de lo que se trata en la primera y esta segunda entrega de «Deadpool» es de parodiar el cine de superhéroes a base de innúmeros «gags» irreverentes, de un humor grosero y ágil que no deja títere con cabeza, empezando por la debilidad del protagonista, el señor Lobezno. A lo que vamos: ya en la primera escena, Deadpool apura un cigarrillo (fumar, y sobre todo en Hollywood, es pecado casi mortal) mientras su propia voz en «off» dice cómo se ha suicidado. A lo bestia, faltaría, y les prometo que no es un «spoiler», sino los minutos que siguen de inmediato a los ingeniosos y «jamesbondianos» títulos de crédito. El motivo, nos lo callamos mejor. El mutante Wade Wilson (otra vez Ryan Reynolds, que también co escribe el guión y aporta una buena suma de su bolsillo para el presupuesto, de tonto no tiene un pelo) se enfrenta a un hierático Cable (Josh Brolin está sembrado), que ha secuestrado a un joven.

Las razones de todo ello se van diluyendo paulatinamente a medida que se extiende el metraje y nos damos cuenta de que resulta un mero «macguffin» de David Leitch («Atómica» y poco más hasta ahora). Lo mejor de todo radica en que el bueno de Deadpool decide, para salvarlo, organizar un grupo de variopintos personajes, los X-Force. Les suena, claro. Que lo forman los impagables Domino, Estrella Rota, Negasonic, Zeitgeist, Yukio, Coloso y Bedlam. Y ahí se van para encontrar a Cable, que de vez en cuando recuerda a su mujer y la niña de ambos.

Entre asombrosas escenas de acción (esa cámara lenta que Deadpool reclama…), un foco dramático de cachondeo y otras tantas raciones de momentazos cómicos (el guiño a «Instinto básico» con unas piernas menguadas no tiene desperdicio, mientras que el personaje del taxista convierte en oro todo lo que suelta por la boca), la película deriva hasta un apocalíptico colofón-fin de fiesta de esos que tanto gustan a la Marvel y los fans de tebeos pero a lo bruto para sacar la misma conclusión que tras ver la anterior entrega: el otrora tan soso Reynolds, que intuyo no se quitará el disfraz piojoso en mucho tiempo, ha encontrado a su gallina de los huevos de oro, aunque Deadpool jamás lo diría tan finamente.


Deadpool 2: Repetición de la jugada

Jordi Batlle Caminal – LA VANGUARDIA (18 de mayo de 2018)

En el universo fílmico de los superhéroes Marvel, el humor es seña de identidad. Lo puso en marcha Sam Raimi ya en su primera epopeya de Spiderman, personaje que ha seguido adherido a la ironía hasta la reciente y francamente reivindicable Spiderman homecoming. Las humoradas que entre ellos se gastan los miembros de los Vengadores son emblemáticas, aunque en la última y aparatosa Infinity war la cosa va a menos. La camaradería de los 4 Fantásticos tiende igualmente a la broma, casi de índole hawksiana. El caso concreto de Deadpool va unos cuantos pasos más allá: sus aventuras no es que contengan humor, son de cabo a rabo y de babor a estribor pura parodia, casi en la órbita del triunvirato Zucker & Abrahams & Zucker. Estrenada a principios de 2016, Deadpool nos presentaba al superhéroe más metalingüístico de la historia, que con una verborrea sin freno nos remitía a todos los cómics y películas del ramo imaginables, tanto en la voz en off persistente como en los diálogos, interpelando además al espectador. Deadpool 2 repite descaradamente la jugada, y con bastantes más dosis de ingenio que su precedente. La trama, que incluye los viajes en el tiempo con propósitos similares a los de Terminator, tiene escasa sustancia, pero poco importa, pues lo que cuenta es el continuo, incesante torbellino de chistes, referencias, citas y alusiones y la mala uva que generosamente nos obsequia ya desde su primer plano, una burla cruel de Lobezno de veras impagable. La fauna de X-Men vuelve a ser protagonista de algunos de los mejores gags.

La suerte de los nuevos superhéroes fichados por el protagonista en su primera misión conforma una secuencia salvaje que sin duda pasará a los anales del género. Que el actor que interpreta al antagonista Cable, Josh Brolin, sea el mismo que en Infinity war da vida al megavillano Thanos, también merece un apunte en el diálogo. Y hasta la Yentl de Barbra Streisand tiene aquí su recuerdo, astutamente hilvanado con el de Frozen. Una fiesta para connaisseurs.


Deadpool 2: el superhéroe con verborrea

Quim Casas – EL PERIODICO (18 de mayo de 2018)

Aunque David Leitch ha rodado las luchas cuerpo a cuerpo en ‘John Wick (Otro día para matar)’ y ‘Atómica’ de manera seca, las escenas de peleas de ‘Deadpool 2’ siguen teniendo una especial expresividad. Pero siendo un filme de acción, su mayor interés continua residiendo, como en la primera entrega, en la particular verborrea del protagonista, sus referencias permanentes a la cultura popular (cine, superhéroes, música), sus chistes a costa de otros mutantes (el inicio con la escultura de Lobezno es francamente socarrón), los créditos que parodian a los de James Bond y la escena el ‘casting’ de nuevos y ridículos superhéroes.